En capítulos anteriores:
Primera manga de entrenamientos y algo falla, se calienta y acaba gripándose. Tenemos un par de horas para solucionar el problema. Revisamos todo una y otra vez y al fin dimos con el fallo. Era el puñetero radiador; habíamos montado un radiador de calefacción de coche, y por lo visto no servía.
Justo a tiempo para la carrera terminamos de acoplar el radiador de la vieja 165.
Salimos en la primera manga con dudas pero la terminamos bastante bien, parece que estábamos en lo cierto, el motor llega a meta con buena temperatura. En la segunda manga ya con más confianza vamos a por todas y ganamos.
Listos para la próxima carrera.
Manga de entrenamientos y todo va bien, primera manga y parece que el embrague vuelve a patinar pero muy poco, segunda manga y sí, sí que patina, está visto que el reforzado tampoco aguanta terminamos en una discreta posición y de vuelta ya estamos pensando cómo solucionar el tema.
Desmontamos el embrague y vemos que está achicharrado así que lo quitamos y volvemos a colocar el suyo, después de hacerle unas pequeñas modificaciones como ponerle muelles más duros, meterle un disco más y reforzar la campana por el exterior con un anillo de acero, ya que habíamos visto que tendía a abrirse.
Montado todo de nuevo y esta vez probado más a fondo, parece que todo va bien, no se calienta y el embrague parece que aguanta sin patinar, pero la cuarta casi ni se usa ya que la tercera estira mucho, bueno no importa ahí estará para cuando haga falta; en el calendario hay un par de subidas que terminan en una larga recta, en esas nos vendrá bien.
Con algunas dudas sobre si aguantará nos presentamos en la siguiente carrera, en la que todo sale bien y terminamos bien clasificados.
También la siguiente cita se nos da bien, repetimos puesto y no se rompe nada.
La próxima es cerca de casa, a ver si no hacemos el ridículo. Después de una muy buena primera manga, en la segunda y tras un ruido sospechoso me quedo sin la tercera marcha y la cuarta apenas puede, y eso tirando de embrague. Menos mal que la primera manga salió bien. Terminamos en una buena 2ª posición y tenemos dos semanas hasta la próxima prueba para reparar la caja. Lo que nos temíamos, el piñón de la 3ª hecho polvo y los cárteres rajados.
Desmontamos todo, soldamos reforzando donde se puede y vuelta a montar.
Las dos o tres siguientes pruebas se nos dan bastante bien, terminamos en buenos puestos y no rompemos nada, pero en la siguiente la liamos, ahora que el embrague va bien y hemos reparado la caja, reventamos otra vez los cárteres a la altura del tren fijo. Otra vez toca desmontar motor, soldar los cárteres reforzándolos y vuelta a montarlo, creo que seriamos capaces de hacerlo con los ojos cerrados.
A partir de aquí la historia se repite durante un par de temporadas más; dos o tres carreras buenas, y los cárteres al carajo, otras dos o tres, a veces cuatro y repetimos, soldamos, reforzamos un poco más y a ver si aguanta, pero no hay manera.
Está claro que el motor era demasiado potente para la caja. Esta tercera evolución, realmente funcionó muy bien, corría mucho, unos 145Km/h. de suspensiones iba bastante bien y de frenos bastante mal. Fue una pena que rompiese tan a menudo.
De todas maneras, como los resultados eran buenos no nos importaba demasiado. Así seguimos un par de temporadas más y lo dejamos ya que cada año había menos pruebas y nosotros ya nos estábamos cansando. En total fueron seis o siete temporadas.
Las dos últimas temporadas casi sabíamos la clasificación antes de correr. O rompíamos o ganábamos.
A esta tercera evolución la llamaban “la voladora”

Y esta es la historia de esta Vespa un poco especial.





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